Compartir un espacio tan chico es una pequeña
apertura a las puertas del corazón de un ser. El relego de comodidad busca hacerte
entender que ya sos una parte de mí, no me importa tener que compartir la
almohada. Un gesto, una caricia, un momento de esos que se guardan en un
lugarcito del cerebro, en un armario oscuro alumbrado por los recuerdos.
La aventura de dormir juntos se transforma en algo
mágico, en ese momento no buscamos la perfección, pues ya la logramos. Nuestros
cuerpos encajan perfectos, como si hubieran sido diseñados, los cabellos se
entrelazan, las palabras vuelan al oído, la vista se acostumbra a las penumbras
y descubre los secretos que intentas ocultar. La vergüenza te castiga, aunque
intentas vencerla, te das cuenta que no soy juez, sino que abogo en esta causa.
La noche pasa y a pesar del dolor, el amanecer nos encuentra con una sonrisa radiante,
el día no es el mismo, porque nos encontramos en el mismo lugar que nos
dejamos.
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