Estas despertando en mí cosas que yacían en los
rincones de mi mente, tapadas de tela de arañas y recubiertas de dolor; es como
volver a escribir los cuadernos con escritos tachados, escuchar otra vez esas
viejas canciones que te hacían gritar, pero distintas. Vuelvo a reestructurar
las bibliotecas, desordeno todo, lo vuelvo a ordenar, corro frenéticamente por
el campo, salto de alegría. Ante tanto dolor, tanta impotencia, siempre
apareces para traer la calma, el éxtasis de los besos, el ritmo compulsivo del
amor.
Me estas enseñando a caminar nuevamente, paso a
paso, como si todavía usara pañales. Por momentos soy un nene, en otros tengo
que ser fuerte. Camino con el pecho herido, agujeros de balas tengo en él, me
acostumbre a llevarlas conmigo. Pero cada vez que te doy la mano, esos agujeros
se envuelven en una cicatrización veloz, comienzan a cerrarse. Siento que con
un abrazo no necesito nada más, porque todo lo que necesito para ser feliz, lo
tengo entre mis manos.
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