jueves, 22 de diciembre de 2011

Analisis (creyendo que sé)


Cuando caminamos por la calle y cruzamos a una persona no-vidente, lo primero que pensamos es pobrecito, pero no nos damos cuenta que todos somos ciegos de vez en cuando. ¿Acaso cuando te enamoraste, siquiera te fijaste en que tan lindo era, o simplemente lo catalogaste como lo más lindo que viste? Perros, relojes, personas, el amor no conoce límites ni razones, por eso generalizamos, describimos en una o mil palabras a eso que nos tiene con las pulsaciones altas.
Por momentos parecemos ciegos, pero en realidad, la ceguera no es visual, sino superficial: logramos ver lo que el cuerpo intenta tapar, logramos encontrar el contenido del envase; y ahí sí, besamos con pasión, amamos con locura y desenfreno, nos brindamos al cien por ciento. Parece simple, pero uno siempre se resiste, hasta que finalmente logra doblegarse por el sentimiento, como si de un sufrimiento se tratara. Y ahí te das cuenta (y siempre es por primera vez) de que el mundo no es hermoso pero lo puede llegar a ser, de que esa persona no es un héroe o una heroína, pero hoy te alegra el día, la semana, el mes; una simple salida se puede transformar en una excursión, en donde no importa el destino sino quien te acompaña, ganas confianza, superas obstáculos más fácil, y todo gracias a una persona, todo gracias a un sentimiento, a una palabra de cuatro letras: amor.

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