jueves, 22 de diciembre de 2011

El ojo del huracán (corriendo por soñar)

Las lluvias de palabras desatan tempestades, trayendo consigo las tormentas más brutales y profundas. Si tan solo pudiera escaparle a la nube, como en el campo… Pero no es mi forma, no sería yo. Me siento gritarle a una pared, peleando por una causa perdida.
De un momento a otro me logro meter en el ojo del huracán, esa falsa calma, esa bolsa de aire inerte que te da un respiro para poder soportar la segunda parte. Sin esto, nadie podría soportar toda la carga entera, te das cuenta que es lo mejor que te va a pasar en el día. Cuando logras acostumbrarte a ella, es cuando te toca salir, cuando un empujón te lleva otra vez hacia la tempestad, aunque ahora te agarra con más experiencia.
Si la calma precede a la tempestad, el desequilibrio, seguramente, es el elemento posterior del infierno que te toca atravesar.
La lluvia, esta vez en forma mansa, baña los techos grises del suburbio, regando a su paso la tierra después de tanto daño. Ya las lágrimas no fluyen, no valen la pena, solo queda mirar hacia adelante para poder vislumbrar el sol, ese que mañana traerá el amanecer.

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