jueves, 22 de diciembre de 2011

Bocas amigas

La noche estalla en el cielo, trayendo consigo una luna color queso. El rocío baña las copas de los árboles, los mismos que de día dan sombra, y de noche, miedo. El camino esta desierto, toda la gente se concentra en un mismo lugar.
Podríamos decir que estamos en penumbras, si es que nuestros ojos se encontraran abiertos. Respiro tu perfume, lo huelo hasta el hartazgo, logro que se me impregne en la piel. Él me va a acompañar durante toda la noche, lo voy a aspirar en el regreso a casa. Admiro tu boca, escupiendo palabras con verborragia, sin más prejuicios. De repente, nuestras bocas se encuentran, como si se conectaran, de una forma perfecta que ni un arquitecto podría diseñar. La oscuridad no es un impedimento, estas pueden verse incluso en la noche de los polos, como si se conocieran de toda la vida, como si, matemáticamente, la cuenta diera siempre dos.
Nuestras lenguas se tocan tímidamente, los labios se humedecen y nuestra respiración cambia, como si nos agitáramos en cámara lenta. Estas bocas no dependen de nosotros, tienen vida propia, podrían ser felices en cualquier parte, mientras estén juntas.

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