Podríamos
decir que estamos en penumbras, si es que nuestros ojos se encontraran
abiertos. Respiro tu perfume, lo huelo hasta el hartazgo, logro que se me
impregne en la piel. Él me va a acompañar durante toda la noche, lo voy a
aspirar en el regreso a casa. Admiro tu boca, escupiendo palabras con
verborragia, sin más prejuicios. De repente, nuestras bocas se encuentran, como
si se conectaran, de una forma perfecta que ni un arquitecto podría diseñar. La
oscuridad no es un impedimento, estas pueden verse incluso en la noche de los
polos, como si se conocieran de toda la vida, como si, matemáticamente, la
cuenta diera siempre dos.
Nuestras
lenguas se tocan tímidamente, los labios se humedecen y nuestra respiración
cambia, como si nos agitáramos en cámara lenta. Estas bocas no dependen de
nosotros, tienen vida propia, podrían ser felices en cualquier parte, mientras
estén juntas.

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