jueves, 22 de diciembre de 2011

Te observo en la oscuridad


Te veo en penumbras, tu cara se dibuja en una oscuridad que nos traspasa, nos fundimos en un solo ser. Tus ojos se cierran, te cambia la respiración, mi pelo pasa a ser tu fetiche. Recorro tu cuerpo incansablemente, mi lengua queda seca, podría ejecutar esto todo el día, con un ritmo endemoniado.
El calor se apodera de nosotros, nuestros cuerpos húmedos se encuentran, se tocan, se besan: un momento sin el otro sería el infierno. Te agarro las manos, no te dejo soltarte, podría convertir tus senos en un monumento para adorar. Comienza la arritmia, una danza frenética, pasional, dulce pero rápida, despacio pero violenta. Las palabras mágicas comienzan a surgir, los ojos se cierran y se abren al ritmo de los músculos, nuestras bocas ya no se besan, chocan toscamente. El final de la función se acerca, la sinfónica empieza a sonar, y al llegar al desenlace todo se silencia: solo queda el jadeo que cesa con el tiempo, los besos dulces y unas pocas palabras, que dan lugar al abrazo y al aplauso del público. De pie, por supuesto, funciones así no se proyectan en cualquier lugar, solo en tu cuerpo.

Analisis (creyendo que sé)


Cuando caminamos por la calle y cruzamos a una persona no-vidente, lo primero que pensamos es pobrecito, pero no nos damos cuenta que todos somos ciegos de vez en cuando. ¿Acaso cuando te enamoraste, siquiera te fijaste en que tan lindo era, o simplemente lo catalogaste como lo más lindo que viste? Perros, relojes, personas, el amor no conoce límites ni razones, por eso generalizamos, describimos en una o mil palabras a eso que nos tiene con las pulsaciones altas.
Por momentos parecemos ciegos, pero en realidad, la ceguera no es visual, sino superficial: logramos ver lo que el cuerpo intenta tapar, logramos encontrar el contenido del envase; y ahí sí, besamos con pasión, amamos con locura y desenfreno, nos brindamos al cien por ciento. Parece simple, pero uno siempre se resiste, hasta que finalmente logra doblegarse por el sentimiento, como si de un sufrimiento se tratara. Y ahí te das cuenta (y siempre es por primera vez) de que el mundo no es hermoso pero lo puede llegar a ser, de que esa persona no es un héroe o una heroína, pero hoy te alegra el día, la semana, el mes; una simple salida se puede transformar en una excursión, en donde no importa el destino sino quien te acompaña, ganas confianza, superas obstáculos más fácil, y todo gracias a una persona, todo gracias a un sentimiento, a una palabra de cuatro letras: amor.

Confiad y esperad (el legado de Monte Cristo)


Tengo que reconocerlo, no estoy ciego. Sé que no tenes cuerpo de modelo, que sos mal hablada; la mitad de las cosas no te interesan, la vergüenza te come por dentro (y por fuera), te obsesionas por tu cuerpo, descolgas el cerebro. Joder m’hijo, diría una vieja, deja a esa muchacha, puede ser tu ruina!! Pero la amable anciana no escucho la otra parte del relato, la que cuenta el saldo positivo. Escuche doña, y aprenda…
Definitivamente no estoy ciego, si a cada paso ella brilla, no refleja como la luna, alumbra con luz propia, no precisamente de sus ojos, sino luz que sale de su boca, brota de su corazón, es su alma la que asombra. Como un cuatrero robo mi corazón, galopando se lo llevo, en un abrir y cerrar de ojos me deje llevar, su luz me empezó a curar.
Podría hablarle todo el día de lo bueno de esta mujer, pero creo que es mejor ver que creer.

Una nueva lengua, el mismo mundo de siempre


Escribo cuando las emociones me llegan a niveles altos: si estoy triste, plasmo mis versos e ideas cual blues de negro que trabaja en un campo de algodón; cuando estoy feliz, escupo con verborragia las frases más diabéticas que puedo producir. Si miramos hacia arriba, el 90% de mis escritos son felices, son diabéticos, todos hablan de vos, de un sentimiento.
Neruda dijo puedo escribir los versos más tristes esta noche, pero hoy no me sale (joder, que no le llego ni a los talones a Pablo, pero valía la aclaración). Es un impedimento para mí, estar triste no es una opción si te tengo a mi lado, porque la sangre se me acelera, el tiempo pasa rápido, quisiera atrapar los momentos y guardármelos, pero sería egoísta, porque son tuyos también, mejor dicho, vos sos el centro del momento y no puedo llevarte en mi bolsillo, porque ya te tengo en mi corazón.
Empleo todo mi esfuerzo para describirte cada día mejor, pero siento que nunca voy a encontrar palabras para describir tal belleza, creo que todavía no se inventaron, sos la definición de un nuevo diccionario de una lengua nueva, la cual podemos ver pero no hablar, es como buscar la canción perfecta, pero saber que no existe.
A cuantos lados desconocidos te puede llevar el amor, una simple palabra de cuatro letras, un sentimiento indescriptible, imposible de estudiar objetivamente, y producido por una sola persona!

Re-descubriendo


Estas despertando en mí cosas que yacían en los rincones de mi mente, tapadas de tela de arañas y recubiertas de dolor; es como volver a escribir los cuadernos con escritos tachados, escuchar otra vez esas viejas canciones que te hacían gritar, pero distintas. Vuelvo a reestructurar las bibliotecas, desordeno todo, lo vuelvo a ordenar, corro frenéticamente por el campo, salto de alegría. Ante tanto dolor, tanta impotencia, siempre apareces para traer la calma, el éxtasis de los besos, el ritmo compulsivo del amor.
Me estas enseñando a caminar nuevamente, paso a paso, como si todavía usara pañales. Por momentos soy un nene, en otros tengo que ser fuerte. Camino con el pecho herido, agujeros de balas tengo en él, me acostumbre a llevarlas conmigo. Pero cada vez que te doy la mano, esos agujeros se envuelven en una cicatrización veloz, comienzan a cerrarse. Siento que con un abrazo no necesito nada más, porque todo lo que necesito para ser feliz, lo tengo entre mis manos.

El ojo del huracán (corriendo por soñar)

Las lluvias de palabras desatan tempestades, trayendo consigo las tormentas más brutales y profundas. Si tan solo pudiera escaparle a la nube, como en el campo… Pero no es mi forma, no sería yo. Me siento gritarle a una pared, peleando por una causa perdida.
De un momento a otro me logro meter en el ojo del huracán, esa falsa calma, esa bolsa de aire inerte que te da un respiro para poder soportar la segunda parte. Sin esto, nadie podría soportar toda la carga entera, te das cuenta que es lo mejor que te va a pasar en el día. Cuando logras acostumbrarte a ella, es cuando te toca salir, cuando un empujón te lleva otra vez hacia la tempestad, aunque ahora te agarra con más experiencia.
Si la calma precede a la tempestad, el desequilibrio, seguramente, es el elemento posterior del infierno que te toca atravesar.
La lluvia, esta vez en forma mansa, baña los techos grises del suburbio, regando a su paso la tierra después de tanto daño. Ya las lágrimas no fluyen, no valen la pena, solo queda mirar hacia adelante para poder vislumbrar el sol, ese que mañana traerá el amanecer.

Tiempo de primeras veces


Compartir un espacio tan chico es una pequeña apertura a las puertas del corazón de un ser. El relego de comodidad busca hacerte entender que ya sos una parte de mí, no me importa tener que compartir la almohada. Un gesto, una caricia, un momento de esos que se guardan en un lugarcito del cerebro, en un armario oscuro alumbrado por los recuerdos.
La aventura de dormir juntos se transforma en algo mágico, en ese momento no buscamos la perfección, pues ya la logramos. Nuestros cuerpos encajan perfectos, como si hubieran sido diseñados, los cabellos se entrelazan, las palabras vuelan al oído, la vista se acostumbra a las penumbras y descubre los secretos que intentas ocultar. La vergüenza te castiga, aunque intentas vencerla, te das cuenta que no soy juez, sino que abogo en esta causa. La noche pasa y a pesar del dolor, el amanecer nos encuentra con una sonrisa radiante, el día no es el mismo, porque nos encontramos en el mismo lugar que nos dejamos.

Musas (mi declaración)


Mil veces he leído sobre musas. Que son las musas? Escritores y pintores famosos han tenido de estas, pero nunca podía ver el concepto detrás de la mujer. Picasso tuvo a Adriana, Hemingway tuvo al mar de Cuba y Miller al sexo y el alcohol.  
Los entendidos podrán decir que es “algo” que produce en la persona una inspiración mayor o apropiada para el momento de crear. No puedo afirmar si esto es así, pero creo experimentar el significado.
Acaso Dalí se levantaba a la mañana pensando en elefantes y relojes derritiéndose? Seguramente que sí, eran su obsesión. Ya lo dijo Klimt, pinta lo que no ves. Yo no pinto, tampoco me considero escritor, tan solo soy un hombre inserto en otro hombre, ocupando un momento de su vida, en donde deja de lado su modismo, su mecanismo cuasi-perfecto, y da lugar a la persona libre dentro suyo, al pseudo-anarco que guardo hace un tiempo, no a ese que leía a Kropotkin, sino al que devora libros de Rimbaud en horas, al que ve Into the wild e intenta llorar, sin resultado, queriendo ser Alexander Supertramp, un héroe anónimo.
Si esto fuera mi declaración, te diría que soy culpable. Sí, soy culpable de haberte visto, de hablar con vos así nomás. No soy una persona de primeras impresiones, de hecho, en mi vida, todo lo que más me gusta, al principio no le di importancia. Hablamos dos horas, 15 minutos, 45 quizás? No lo recuerdo. Te fuiste, y mi vida siguió. En la semana no tuve recuerdos de esa charla, mi vida seguía como si nada. Llegó el viernes y se me deslizo tu nombre en una charla, lo que hizo que ciertos ojos me miren asombrados. De repente, en menos de 30 minutos, otra persona te mencionó, y luego otra, otra, y así durante toda la noche. De un momento a otro, tu nombre había pasado de ser algo respetado bíblicamente a un objetivo. Desde cuando yo tenía objetivos, desde cuando era una persona con ánimos de conquistador?
Soy culpable, lo sigo siendo. Viniste hacia mí, eras como mi prueba de valentía, como el dragón que el guerrero mata para hacerse fuerte y declararle a los demás que tienen que temerle. Pero claro, yo no podía matar al dragón, no está en mí, nunca lo estuvo, siempre preferí hablar antes de luchar. Y vamos a decir la verdad, sos un dragón infranqueable, difícil de vencer, escupís fuego al menor movimiento. Ahí es cuando me di cuenta que quería escucharte, quería saber quién eras, porque tenías esas alas y esa condena. Como un carenciado, la necesidad se apodero de mí.
Hablamos toda la noche, como si fuéramos viejos conocidos. Tus amigas se acercaban y te preguntaba que pasaba, cuando te iba a besar. Mi idea era hacerme tu amigo, yo quería volar con el dragón, no intentaba matarlo de una estocada. Resulto que él no buscaba volar, pero tampoco quería morir: el dragón tan solo quería vivir feliz, y ese fue mi desafío. Eso sí que me motivaba, eso suponía auto superación, pero otra vez volví a equivocarme. Para cuando me quise acordar, las palabras brotaban de mi boca dulcemente, como si con ellas quisiera acariciarte. Mi misión volvía a reasignarse, el objetivo era distinto, pero siempre el mismo, con la diferencia de que yo no era más un guerrero, sino un médico. Yo quería curarte, pero el ser humano no puede lograr lo que es propio del tiempo.
Esta sentencia siempre fue cantada, porque desde el principio dije que era culpable. Culpable en todos los sentidos y niveles que le encuentres. Me declaro no inocente, en el hecho de que decidí intentar hacerte feliz siempre, porque vos, sin ningún esfuerzo, lo lograste en mí. Porque no se sabe lo que es ser feliz si no volviste del hastío, y creo que por caminos separados y con mochilas muy distintas, ambos conocemos ese lugar. 
Los catedráticos seguirán investigando a las musas, sin pensar que perdieron el tiempo para buscar la suya. Es increíble, por momentos, sentirse un escritor, sabiendo que la parte más difícil ya la tenes con vos. Las canciones rezan por ellas, miles de poetas fracasados piensan encontrarlas en la próxima esquina, en el siguiente bar, en el fondo de la próxima botella. Yo te encontré sin querer, porque todo lo que llega y no impresiona en la primera vista, es porque la retina lo guarda para ella, y en el segundo encuentro recién te deja disfrutarlo.

Deseos


Hoy por la mañana corrí hasta el espacio, solo para gritar tu nombre, para explicarle a las estrellas cuanto te quiero.
Hoy por la mañana me desperté sabiendo, con la seguridad del agua que arrasa y el fuego que por dentro quema, que estar a tu lado no es un juego.
Hoy por la mañana, como un colibrí en primavera, picotee todas las flores, buscando la más bella en donde pueda encontrar tu néctar.
Hoy por la mañana renací, como lo hago cada día, con ese fuego de orgullo en mis venas y una sola imagen en mi cabeza.

Versos de pecho inflado


Cualquier día junto a vos se me hace corto,
todos los besos me llevo y, sin embargo,
más los quiero.

Tus abrazos incendian mi fuego,
una sola palabra tuya enciende mis reflejos,
prendido a tus labios deseo
vivir y morir bajo tu cielo.

Porque el alma oculta verdades y sentimientos que ni el dolor más grande puede opacar.

Bocas amigas

La noche estalla en el cielo, trayendo consigo una luna color queso. El rocío baña las copas de los árboles, los mismos que de día dan sombra, y de noche, miedo. El camino esta desierto, toda la gente se concentra en un mismo lugar.
Podríamos decir que estamos en penumbras, si es que nuestros ojos se encontraran abiertos. Respiro tu perfume, lo huelo hasta el hartazgo, logro que se me impregne en la piel. Él me va a acompañar durante toda la noche, lo voy a aspirar en el regreso a casa. Admiro tu boca, escupiendo palabras con verborragia, sin más prejuicios. De repente, nuestras bocas se encuentran, como si se conectaran, de una forma perfecta que ni un arquitecto podría diseñar. La oscuridad no es un impedimento, estas pueden verse incluso en la noche de los polos, como si se conocieran de toda la vida, como si, matemáticamente, la cuenta diera siempre dos.
Nuestras lenguas se tocan tímidamente, los labios se humedecen y nuestra respiración cambia, como si nos agitáramos en cámara lenta. Estas bocas no dependen de nosotros, tienen vida propia, podrían ser felices en cualquier parte, mientras estén juntas.

Fotografía al atardecer


Un recuerdo te ve caminando por la playa. No eras la misma, tus cabellos estaban rebeldes, como bañados por el sol. Las olas a tu alrededor llevaban el rumor de la belleza, esa que sonroja. La suavidad de tus pies siente el frio de la arena, que cala los huesos, llegando a lugares recónditos.
Escucho al viento, me habla, intenta convencerme: esa mujer es el demonio!, susurra. Si ella es el demonio, entonces quiero morir en el infierno.
Escapas pegada al mar, el sol arde en tu espalda. Te persigo sin fuerzas, solo tengo voluntad, mientras el agua nos va cubriendo. Nada parece importar, solo el escape, ese que nos sacó de la infelicidad.